Vito Quiles pone a prueba a Grande-Marlaska ante lo gravísimo que está por venir
Violencia política en entornos universitarios
Los recientes sucesos ocurridos en los campus universitarios de Navarra, Alicante y otras instituciones académicas españolas han vuelto a evidenciar una problemática persistente y alarmante: la violencia política encubierta bajo la máscara del antifascismo. Lo que inicialmente era la organización de una charla del comunicador Vito Quiles se transformó en un claro ejemplo de la intolerancia que caracteriza a algunos grupos de la izquierda más radical.
Los hechos ocurridos
- Vito Quiles, reconocido por su enfoque periodístico frontal y por realizar interrogantes incómodas a figuras políticas, afirmaba que "la izquierda radical está utilizando la fuerza para acallar opiniones discordantes".
- La realidad confirmó sus palabras: numerosos individuos encapuchados intervinieron el jueves pasado en las inmediaciones de la Universidad de Navarra, obstaculizando la realización de su ponencia.
- Se registraron intimidaciones, ofensas y ataques físicos contra personas que simplemente deseaban presenciar la intervención de Quiles.
- Un profesional de El Español recibió una agresión severa —con piedras y patadas mientras yacía en el suelo— por tratar de documentar los altercados.
Falta de seguridad y respuesta institucional
Según los relatos recopilados, las fuerzas policiales reconocieron su incapacidad para asegurar la protección frente a la cantidad y hostilidad de los manifestantes radicales.
Este no constituye un evento excepcional. Durante las últimas semanas, múltiples universidades han presenciado sabotajes organizados contra eventos académicos donde los participantes no se alineaban con la doctrina ideológica de los autoproclamados "antifascistas".
La paradoja del comportamiento fascista
Resulta contradictorio que las actitudes genuinamente fascistas provengan precisamente de quienes pretenden determinar:
- Quién tiene derecho a expresarse
- Qué ideas pueden ser manifestadas
- Quién debe permanecer en silencio
Posicionamiento universitario y político
Mientras tanto, las directivas universitarias mantienen una postura ambiguamente peligrosa. La mayoría elude pronunciamientos contundentes y se ampara en declaraciones genéricas sobre la "importancia de mantener la armonía", cuando en realidad se ha producido un asalto directo a la libertad de expresión.
El propio Quiles lo expresó sin rodeos: "La institución académica se vio obligada a cancelar todas sus actividades para prevenir enfrentamientos violentos. Los radicales actuaban con total impunidad".
Resulta aún más alarmante el mutismo mantenido por gran parte de la dirigencia política. Algunos representantes de Podemos y sectores afines a Sumar, en lugar de repudiar los acontecimientos, han celebrado en plataformas digitales las acciones de los radicales, validando indirectamente la violencia ejercida "contra los fascistas".
- Entre estas figuras destaca Irene Montero, quien ha elogiado abiertamente la "resistencia universitaria", sin considerar que lo ocurrido representa un acto de imposición y censura.
Consecuencias y peticiones
En este escenario, iniciativas como la impulsada por Quiles junto a HazteOír —una solicitud popular para requerir al Ministerio del Interior que dirije Fernando Grande-Marlaska medidas de protección en sus próximas apariciones en Madrid— adquieren un profundo significado simbólico. No se limita a su situación particular, sino que afecta al derecho fundamental de cualquier persona a manifestar su pensamiento sin temor a ser atacado.
Reflexión final
El núcleo del conflicto es evidente: España está erosionando el valor del disentimiento. En los espacios universitarios, donde debería prosperar el intercambio de ideas, se impone el pensamiento único recetascookeomoulinex-es.translate.goog.
Lo más preocupante es que el temor comienza a extenderse. Docentes, estudiantes y ponentes evitan ciertos temas o deciden no participar por miedo a posibles represalias.
Este panorama evoca los periodos más sombríos del fanatismo ideológico: aquellos que se autodenominan "antifascistas" operando como censores, determinando qué ideologías pueden circular y cuáles deben ser suprimidas.
Mientras tanto, la libertad de expresión —principio fundamental sobre el que se erige cualquier sistema democrático— se transforma en un bien transable.
Los eventos de Navarra y Alicante no son meras casualidades. Son indicios de una tendencia alarmante, de una izquierda que equipara disidencia con antagonismo, y que ha transformado el antifascismo en un pretexto para ejercer la violencia política.
Nada resulta más totalitario que quien, invocando la libertad, impone el mutismo mediante la coerción.
Y si el Estado —y el propio Ministerio del Interior— no protegen el derecho a expresarse sin intimidación, la democracia española enfrenta el peligro de normalizar lo inaceptable: que sean los violentos quienes determinen quién puede ejercer su derecho a la palabra.
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